La tierna historia del matrimonio judío que estuvo casado por 70 años y murió con 40 minutos de diferencia

28/Abr/2017

Clarín

La tierna historia del matrimonio judío que estuvo casado por 70 años y murió con 40 minutos de diferencia

Isaac Vatkin siempre cuidó de su esposa,
Teresa, desde que se conocieron en una fiesta familiar en Argentina. Se casaron
hace casi 70 años, tuvieron a sus tres hijos en Villa Urquiza y en 1968,
siempre juntos, tomaron la difícil decisión de irse a Estados Unidos «en
busca de un futuro mejor».
Tanto la cuidó Isaac que, a medida que su
propia muerte se acercaba, se aferró a la vida con el tempo de la salud de su
esposa, muy deteriorada por el Alzheimer. Y tanto la cuidó Isaac, que murió 40
minutos después que ella, apenas su manos se soltaron en ese cuarto del
Highland Park Hospital, de Chicago.
«Decidimos sacarles la máscara de
oxígeno por recomendación de los doctores y porque los dos habían firmado un
documento en el que pedían que no los reanimaran», cuenta Clara Vatkin
Gesklin, hija de la pareja que parece haber decidido dejar este mundo al mismo
tiempo.
«Me dijeron que mi papá [tenía 91 años
y sufría Influenza] no iba a durar mucho tiempo porque las uñas estaban
violáceas y la piel le estaba cambiando de textura. Y que mi mamá [Teresa, de
89] iba a vivir más», detalló Clara y dijo que sus padres entraron al
hospital con un día y medio de diferencia.
Pero Teresa murió primero, a las 0.10 del
sábado, e Isaac, a las 0.50. «Mamá antes de irse abrió los ojos y hasta le
cayeron lágrimas. Todos nos despedimos de ella y creo que sacó fuerzas de donde
no las tenía para mantenerlos abiertos. Hasta que los cerró para siempre.»
La mujer relata que en el hospital les
permitieron dejar allí a su madre entre 20 y 25 minutos después de su muerte. Siempre
aferrada de la mano de su esposo. «Hasta que nos dijeron que se la tenían
que llevar, corrieron la cama y apenas mi mamá se soltó de mi papá vi cómo él
dejó de respirar. No se le infló más el pecho», sigue y relata que
salieron corriendo de la habitación para buscar al médico. Así, oficialmente,
pasaron los 40 minutos entre una muerte y la otra. Pero -para la familia-
«fue algo más instantáneo».
«La verdad que haberse ido juntos fue
lo mejor que les pudo pasar a mis papás», dice Leo Vatkin (55) al regresar
a Nueva York tras el funeral de sus padres en el Shalom Memorial Funeral Home
en Arlington Heights.
«Mi mamá no sabía que mi papá estaba
internado, su Alzheimer no la dejaba (se lo detectaron en 2002)», dice con
tristeza y habla de «una comunicación increíble entre los dos» porque
estaban en el mismo piso del hospital, a 10 habitaciones de diferencia. Pero en
el momento en el que los médicos ya no los podían ayudar, les permitieron unir
las camas en un mismo cuarto. Justo para el final. «Al funeral fueron como
100 personas. Eran muy queridos. Para mi mamá había rosas rosas y para mi papá
flores azules, estaban los ataúdes juntos. Fue una hermosa despedida»,
recuerda.
Isaac nació en Montevideo, Uruguay, pero de
muy chico vino a vivir a Buenos Aires. «Él decía que era argentino porque
así se sentía y se crió como argentino», recuerda Julio Gesklin, esposo de
Clara y quien siguió a los Vatkin hasta Skokie, un suburbio de Chicago.
«Con Teresa se casaron en 1947. Cuando
el menor de sus tres hijos [Leo] cumplió 7 años, nos fuimos todos a Estados
Unidos. Isaac tenía 42 años y le era muy difícil el inglés. En la Argentina
hacía carteras de cuero, en Chicago primero se puso un restaurante de comida
rápida y después se dedicó toda la vida a su distribuidora de carne kosher, con
la que repartía a todas las carnicerías de la zona», relata Julio.
«Tanto cuidaba Isaac a su mujer que no
quería a una enfermera. Cuando los hijos lo convencieron de tener una, la hacía
limpiar la casa y él mismo bañaba a Teresa y la limpiaba cuando iba al baño. Su
amor fue incondicional. Todos sabemos que él se dejó ir cuando supo que su
mujer ya estaba en paz.»
Isaac y Teresa siguieron tomando mate y
haciendo asados los domingos en Estados Unidos. No eran barbecues, eran asados
«como los de allá, con molleja y todo», relata el yerno de los
Vatkin. «Hasta el sábado, mientras pasaba todo lo que pasó, en el hospital
todos tomamos mate.» Todo gracias a Isaac y Teresa. Que nunca se olvidaron
de dónde venían y hacia dónde iban. Juntos.